Caminando por Israel II

Desde la semana de nuestra llegada a Israel he sentido por primera vez en mi vida confianza y seguridad en las calles. No significa que en las ciudades de Israel no haya delincuencia y crimen; en todas partes del mundo existen. La diferencia entre un lugar y otro consiste en las proporciones y frecuencia con la que ocurren hechos delictivos.

Algo que me llamó la atención en mis primeros días en Israel fue la gran cantidad de autos estacionados en las calles durante todo el día. Muchas personas dejan sus carros en frente o a unos metros de sus casas, algunos no tienen estacionamiento y simplemente dejan sus carros afuera toda la noche o todo el día. Aunque sí existe el robo de carros, la frecuencia es aún muy baja en comparación con las ciudades latinoamericanas y esto le da a las personas mayor libertad y tranquilidad en el diario vivir. En ciudades como Tel Aviv o Jerusalén la delincuencia está más presente en las calles, pero en general las personas no se sienten asechadas como para caminar con prevención o desconfianza.


Desde mi punto de vista, no sólo latinoamericano sino como mujer, me siento libre cuando transito por las calles. Libre porque aunque me vista de una manera sencilla o descuidada no he sentido una mirada de desprecio o crítica; libre porque, aunque me vista con una falda o muy larga o muy corta, no siento el peso de una mirada morbosa o de unas palabras vulgares y de mal gusto. Libre porque no tengo que estar pendiente de mi bolso mirando de un lado para otro para evitar que me lo roben.

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En algunas ciudades medianas y asentamientos se ven niños pequeños que salen del colegio solos o con otros niños y regresan a pie a sus casas, si la distancia lo amerita. Personalmente, yo no permitiría que mis hijos se devolvieran solos a casa después del colegio por más cerca que vivieran de éste, pero para muchas personas que han estado toda su vida en Israel dejar que los niños salgan solos a las calles es algo normal y no representa un gran peligro.

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La gente al volante

Cuando nos mudamos de ciudad decidimos contratar a alguien que nos recomendaron, también latino, para trasladar las cosas a nuestro nuevo destino. La camioneta que nos enviaron estaba en pésimo estado, era muy pequeña y para completar tenía la reversa dañada. Por falta de tiempo, no podíamos deshacer el trato y tuvimos que aceptar el camioncito. Decidimos irnos junto con las cosas en el carro y de inmediato nos dimos cuenta de la manera tan descuidada como conducía la persona que contratamos. En la vía a Tel Aviv llegando a una línea de paso del tren, justo antes de cruzar, comenzó a bajar la barrera que obstaculiza el paso de los autos, estábamos a un auto de la barrera; De repente el conductor dice “ahora este bruto no va a pasar” y decide salirse de la fila atravesando a toda velocidad mientras descendía la barrera. Quedamos sin aliento.
Continuando con nuestro viaje, cerca de Tel Aviv tuvimos que devolvernos y como la camioneta no tenía reversa, el conductor decidió “crear su propio retorno” entrando en contravía por un tramo de la carretera y mientras la gente de los otros carros lo miraba haciendo señales de protesta, él se molestaba porque no le dejaban pasar. Lo curioso de todo esto es que durante el viaje nos repitió varias veces que “LOS ISRAELÍES SON UNOS BRUTOS PARA MANEJAR”.
Pero en mi opinión, conociendo el caos vehicular que se vive en algunas ciudades de mi país de origen, los israelíes en general son buenos conductores. Por supuesto que en ciudades como Tel Aviv el tráfico y estrés de las calles son mucho mayores pero nunca se podrán comparar con los de ciudades como Caracas, Sao Pablo o Bogotá.

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Una notoria diferencia que he encontrado entre los conductores latinos e israelíes, es que los segundos en su mayoría respetan más al peatón. A pesar de que muchos transeúntes en Israel son imprudentes al cruzar las calles, los conductores por lo general son cuidadosos y pacientes con los peatones.
Hasta ahora, en el tiempo que he vivido en Israel, he observado que las normas y señales de tránsito son respetadas por la mayoría de los conductores en las ciudades en las que he estado y he percibido un ambiente relajado y amable para conducir.

Y qué dicen los israelíes de sí mismos?

Preguntando a los israelíes acerca de su comportamiento al volante, muchos se califican como malos cuando de cumplimiento de las normas de tránsito se trata. Superar los límites de velocidad, no guardar la distancia entre autos y el no respetar los tiempos en los semáforos son las faltas más comunes que ellos mismos reconocen. A pesar de esto, cuando he preguntado si se sienten cómodos y seguros al momento de conducir, la gran mayoría me responden que si, de hecho no consideran la conducción un motivo de estrés o enojo.

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En cuanto a la policía de carreteras o tránsito, ésta no es vista con buenos ojos por los israelíes, su trabajo según ellos es casi imperceptible o simplemente no están cuando se les necesita. Pero con todo y su ineficiencia, en las calles de Israel no se ve al caos propio de las culturas donde el pensamiento predominante es “yo hago lo que se me antoja y mucho más cuando no hay una autoridad que me vigile”.

Ser ciento por ciento objetivo al describir un comportamiento o cultura es difícil, aunque intentemos ser neutrales, siempre estamos viendo a través de los ojos de nuestra propia cultura y vivencias. Por esta razón mi descripción de la vida urbana en Israel puede ser muy distinta a la presentada por un europeo, un asiático, un africano u otro latinoamericano. Israel sigue siendo para mí un país impredecible y sorprendente y pueden existir tantas descripciones sobre su sociedad como habitantes, turistas o nuevos inmigrantes que han estado en ella.

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comentarios

  • luis

    Para mi fué muy grato conocer israel,costumbres totalmente distintas especialmente para nosotros los Chilenos,uno se acostumbra, ya que estar allá es una maravilla,por lo que representa. Se despide attent. Luis Rodriguez S.

  • Loyda Esther Rivas Padilla

    que lindas calle de Israel