Llegando a Israel

La barrera española

En el año 2005 mi esposo y yo decidimos hacer el proceso de inmigración o Aliá hacia Israel, idea que se concreto en Julio de 2006 cuando comenzamos un recorrido que hasta hoy continúa. El viaje desde nuestro país natal hacia Israel no fue nada fácil, primero por los problemas generados por la huelga en la que se encontraba Iberia en la época del viaje y segundo por nuestra nacionalidad. Desafortunadamente no teníamos la opción de escoger la aerolínea que está previamente establecida por los agentes migratorios.

Cuando llegamos al aeropuerto de Barajas en Madrid, después de un vuelo de once horas, todo parecía normal. Al llegar al punto donde se autorizan los vuelos de conexión había una fila relativamente corta de unas ocho personas y en el punto de paso donde se hace la requisa de pasajeros antes de ingresar a las salas de espera no había fila.

Aeropuerto de Barajas - Madrid
Aeropuerto de Barajas – Madrid

Llegamos a España un poco retrasados y contábamos con un poco más de 45 minutos para tomar el vuelo de El Al (aerolínea más importante de Israel) rumbo a nuestro destino final. Pero debido a la huelga de Iberia los funcionarios estaban en plan tortuga, la espera en esa corta fila se hizo interminable y terriblemente angustiante porque el temor de perder nuestro vuelo se hacía cada vez mayor. Después de más de veinte infinitos minutos y aún en fila, llegó de repente una estampida de pasajeros que superaban las 100 personas a la zona de requisa lo que incremento aún más nuestra angustia, entonces yo decidí pasarme a esa otra fila mientras a mi esposo le autorizaban el transbordo.
Faltando diez minutos para abordar, mi esposo fue atendido pero delante de mí había alrededor de cincuenta personas. Con el corazón a punto de estallar decidimos pedirle a uno de los policías que nos permitiera pasar antes porque nuestro vuelo estaba a punto de salir; él nos dijo en un tono despectivo ¨ Ese es su problema no el mío, pásense por encima de los demás si quieren¨. Después de pasar a regañadientes la requisa, mi esposo se dio cuenta de que había perdido los pasaportes y como solo había escaleras eléctricas de bajada, en medio de la desesperación nos devolvimos por las mismas escaleras, mi esposo tropezó y se lastimó las piernas. Nuestra angustia era tan grande y evidente que el mismo policía que nos trató como sudacas basura nos ayudo dejándonos pasar y nos quiso infundir calma. Le dije a mi esposo que tal vez no le habían devuelto los pasaportes en el punto de registro de la aerolínea y en los minutos en los que se fue a buscarlos pasó por mi cabeza que íbamos a terminar en una cárcel española, maltratados por ser latinos indocumentados para luego ser deportados.

Afortunadamente encontramos los pasaportes pero al pasar a la sala de abordaje de El Al nos dijeron que no podíamos tomar el vuelo porque estaba muy tarde para la requisa del equipaje y para El Al eso era imprescindible.
Era medio día, estábamos terriblemente agotados y sin saber qué hacer nos dirigimos a uno de los funcionarios de Iberia, le explicamos que habíamos perdido nuestro vuelo por culpa de ellos y como el caos era evidente por fortuna nos dieron la razón y nos asignaron otro vuelo para los once de la noche. Por no tener visa, es decir por venir de un país considerado paria por el resto del mundo, tuvimos que esperar en el aeropuerto soportando desde las incomodísimas sillas hasta el exagerado frío del más extraño sistema de aire acondicionado que hemos visto, compuesto por una gran cantidad de cilindros que salían del piso y que eran aproximadamente del alto de una persona.

Llegaron las once y dijimos ¨por fin nos vamos¨, pero tuvimos que esperar otra hora más para abordar y estando ya dentro del avión una azafata anuncia muy sonrientemente que los pilotos consideraban que por ¨normas de seguridad¨ no podían volar. Realmente las normas de seguridad de los bolsillos de los pilotos fueron las que cancelaron el vuelo. Luego de esa decepción, otro funcionario de Iberia anunció que los pasajeros serían llevados a un hotel en Madrid. En ese momento sentí el peso de mi nacionalidad, mi esposo y yo éramos los únicos que necesitábamos visa para entrar en España y como carecíamos de ella tuvimos que quedarnos en el aeropuerto hasta el día siguiente con el insoportable aire acondicionado y durmiendo a medias en las sillas de metal. El vuelo fue programado para el día siguiente a las once de la mañana pero nuevamente se presentó otro atraso que les fue informado a los pasajeros en el hotel mientras nosotros seguíamos en el aeropuerto.

Sistema de aire acondicionado en el aeropuerto de Barajas

Nuestro primer encuentro con Israel

Tomamos por fin el vuelo alrededor de las cuatro de la tarde y llegamos cerca de las nueve de la noche al aeropuerto Ben Gurion. Por lo general todos los nuevos inmigrantes que llegan a Israel son recibidos en el aeropuerto por un enviado de la agencia judía, pero como llegamos con más de un día de retraso, por culpa de Iberia, nadie nos esperaba. Desde que llegamos a la primera ventanilla de inmigración sentimos la diferencia en el trato en comparación con lo sucedido en España. La funcionaria nos señalo una pequeña puerta y nos dijo que esperáramos al lado; de inmediato salió un funcionario que se encargó de llevarnos a las oficinas donde los nuevos inmigrantes reciben sus documentos de identificación provisional.

Aeropuerto Ben Gurion - Tel Aviv
Aeropuerto Ben Gurion – Tel Aviv

En el pequeño televisor que había en la oficina se veía en ese momento algo así como el discurso de un comandante del ejército. Israel estaba en plena guerra contra Hezbolá. En ese instante de cansancio y confusión me preguntaba si algún día lograría entender con toda claridad un discurso en hebreo. También recuerdo la tremenda seriedad de aquel funcionario, que luego de hacernos muchas preguntas y darnos nuestros documentos, nos ofreció algo de tomar y rompiendo el hielo con una sonrisa nos dijo que nos veíamos muy cansados. Salimos de aquella oficina a buscar nuestras maletas y aunque pensábamos que íbamos a tener problemas para encontrarlas, las vimos de inmediato en la banda giratoria; eran las únicas que quedaban y curiosamente aún estaban envueltas en el plástico protector que les pusimos antes del viaje. Lo único bueno que resultó del paro de Iberia fue que nadie se ¨tomó la molestia¨ de revisar nuestras maletas y llegaron intactas.

Afortunadamente los mismos funcionarios de inmigración se encargan de buscar el taxi y pagar por anticipado el costo del viaje al destino final. Tomar un taxi en Israel puede ser complicado; en nuestro caso no nos fue tan mal, el taxista resultó ser muy conversador aunque la conversación se centro en las pocas cosas, en su mayoría negativas, que él sabía de nuestro país. Mientras íbamos en el taxi mi cabeza daba muchas vueltas y me debatía entre seguir la conversación en inglés con el taxista o mirar cada detalle de mi primer encuentro con las calles de Israel. Llegamos a nuestro destino y en un tono poco amable el taxista nos dijo que nos bajáramos rápido porque debía regresar al aeropuerto.
Ya en nuestro diminuto apartamento tenía la sensación de estar en un sueño del que me iba a despertar al día siguiente, pero hasta el día de hoy todavía continúo en él.

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comentarios

  • He leído tus dos entradas … casualmente me ha tocado verte nacer. Poco a poco te vas a soltar y lograrás transmitir los momentos bellos que seguramente habrás tenido y tienes en ese país que ahora te cobija. Tengo curiosidad de saber qué sentido le darás a esta página… ¿será una especie de diario que nos platique de tus experiencias? (Espero que no todas sean tan grises como tu llegada querida! ! ! !) Me quedaré cerquita para leer tu historia… que a lo mejor tiene algo de la mía en cuanto a vivir en un país ajeno. Desde muy lejos, Martina.