Cuando los sueños no se hacen realidad

Al buscar las historias de vida para esta sección  entre los Olim e  inmigrantes, quisiera poder encontrar siempre testimonios y anécdotas de éxito donde todos los esfuerzos dan sus frutos, pero esto sería equivalente a pretender que la vida siempre es color de rosa o que Israel es un paraíso perfecto donde todo el que se esfuerza obtiene lo que quiere, hecho que es totalmente alejado de la realidad no sólo en este país sino en cualquier otro lugar del planeta.

El siguiente relato es también parte de la realidad compleja de la inmigración y se debe conocer de la misma manera como queremos conocer el lado positivo y optimista de esta.

Martha llegó a Israel en diciembre de 2001 proveniente de Uruguay.  Desde muy joven quiso vivir en Israel pero tenía un buen trabajo en su país y le daba temor abandonarlo. En su empleo se encargaba del manejo contable y administrativo de una compañía de importaciones. Ella estudió administración de empresas y sabe hablar inglés y francés.

Cuando se quedó sin trabajo y su padre falleció, Martha pensó que ese era el momento adecuado para hacer Aliá. Contacto a la Sheliaj (Representante de la Agencia Judía) de su país, quien le dijo que no tendría ningún problema para encontrar trabajo en su profesión y que por sus conocimientos en idiomas lograría en no más de cinco años conseguir un buen empleo en el sector turístico de Israel.

Martha llegó al centro de absorción para Olim Jadashim (Mercaz Klita) de Raanana. Allí tenía derecho a estudiar hebreo gratuitamente durante cinco meses. Ella recuerda: “Yo era una excelente estudiante en el Ulpán (Escuela de hebreo), me iba muy bien con las pruebas y exámenes, me sentía segura, pero después de esos cinco meses sabía que eso no era suficiente.”

Con poco hebreo pero con optimismo, Martha pensaba que en uno o dos años de estudio intensivo podría alcanzar el nivel de lenguaje que buscaba y lograría encontrar un buen trabajo. Por tanto continuó sus estudios del idioma durante los tres primeros años en el país al mismo tiempo que buscaba empleo.

 En la época en que Martha llegó, los Olim estaban autorizados para vivir solo seis meses en el centro de absorción. “Antes de irme del Mercaz Klita conseguí trabajo como niñera con una familia de franceses.  Ellos se regresaron para Francia y el ministerio de absorción me consiguió un empleo de limpieza en la compañía Bezeq  (La mayor empresa de telecomunicaciones en Israel) de Raanana. Yo pensé que el empleo que me habían conseguido era en algo calificado.  En ese trabajo tuve la oportunidad de ayudar con el idioma a muchos latinos que trabajaron conmigo, ya que luego de los cinco meses de estudio me decían que yo hablaba muy segura y me expresaba bien. ”

A pesar de estar trabajando en limpieza,  Martha se sentía muy contenta de estar en Israel,y no dejaba de buscar empleo en su profesión. “No me gustaba el trabajo, pero a pesar de ganar el mínimo, en ese momento me las arreglaba para vivir bien y junto con otras dos personas alquilamos una casa preciosa en Raanana.”

Para Martha, aprender el hebreo no fue un obstáculo grande, ella comenta que estudiaba las lecciones con rapidez y debido al entusiasmo con el que enfrentaba su aprendizaje, logró avanzar rápidamente.

Luego de vivir tres años en Israel, ella viajó a Uruguay para visitar a su familia. A su regreso, la bolsa de empleo encargada de los Olim le consiguió trabajo una vez más en limpieza pero en Bezeq de Tel Aviv: “Luego conocí a una colombiana que hacia limpieza en casas, yo le ayudaba con el hebreo y ella me consiguió las primeras casas para limpiar en Hezliya y Raanana. Ganaba más y me quedaban las tardes libres para continuar la búsqueda de trabajo.”

 La eterna búsqueda de una oportunidad

Como parte de sus esfuerzos por conseguir empleo, Martha acudido a varias organizaciones que proporcionan ayudan a los Olim. En una de ellas, una bolsa de empleo de carácter gubernamental, le ayudaron a adaptar su hoja de vida a los estándares israelíes  y le dijeron que tenía buen nivel de hebreo. Martha comenta: “Ellos me consiguieron una entrevista en Hezliya Pituaj, era para trabajar como secretaria y en idioma inglés.  Me entrevistó una persona mexicana en español. Yo era muy ingenua y me vestía elegante para las entrevistas, después me di cuenta que eso no estaba bien visto acá.”

“Estuve en otra entrevista en un lugar donde solicitaban a una secretaria que supiera hebreo e inglés en Raanana. En esa ocasión me dijeron que mi problema era el hebreo.  Me deprimí muchísimo porque seguía trabajando en limpieza y yo ¡detesto limpiar casas!”

En la misma organización le ofrecieron a Martha trabajar en una fábrica.  Aunque no iba a ganar mejor, ella quiso probar debido a su enorme descontento con aquel empleo de limpieza. Al principio era una labor fácil y menos pesada, pegaba etiquetas y armaba cajas de CD, pero el ambiente de trabajo era muy desagradable  porque la mayoría de empleadas eran rusas y el trato con ellas era conflictivo: “Trabajé alrededor de mes y medio allá.  Como tenía dinero ahorrado decidí renunciar e intentar buscar trabajo por mi misma en Tel Aviv. Me fui a recorrer los hoteles de la ciudad, en algunos casos estoy segura que apenas salía del sitio tiraban mi currículo a la basura. También iba a las agencias de turismo y dejaba  mi hoja de vida en todos los lugares por los que pasaba y creía tener oportunidad. Pero de eso no salió nada.”

“Además,  dejé mi currículo en muchísimas bolsas de empleo (Coaj Adam) en Tel Aviv y acá en Kfar Saba.  Cuando me llamaban era sólo para ofrecerme empleos en vigilancia o en fábricas. Deje de ir a las Coaj Adam…¡no me quieren!  Parece que aquí la experiencia traída de afuera no sirve para nada, no les interesa. Yo tengo 20 años de experiencia laboral, pero en Israel solo cuenta que tanto has trabajado en el país.”

Entrada de Kfar Saba, ciudad donde actualmente reside Martha

Martha también intentó conseguir trabajo como vendedora, pero por su inexperiencia en el campo tampoco tuvo éxito. Como sus ahorros se acababan ella volvió a limpiar ya que no tuvo otra alternativa.

Otra organización a la que Martha acudió fue Alternativa Laboral (que cerró sus puertas este año): “Con ellos tampoco tuve suerte,  querían que tomara un empleo de cajera o niñera. Les dije que no los necesitaba para eso y que buscaba algo en mi profesión. Hace como dos años ellos me llamaron para hacer un simulacro de entrevista de trabajo.  Me dijeron que me comportaba bien y me dieron consejos acerca de que decir en las entrevistas. Tuvieron mucha voluntad en ayudarme pero tampoco resulto nada.”

Para no perder la práctica con el manejo del computador y mejorar su hebreo escrito, Martha ha hecho cursos para mantenerse actualizada y aumentar su velocidad de escritura y redacción, hecho que le ha dado más seguridad a la hora de enfrentar las entrevistas. Acerca de estas Martha comenta: “En mi hoja de vida no está escrito que trabajo en limpieza. Al principio cuando era sincera y decía que trabajaba en eso, los empleadores pensaban que yo era ¡tarada!. Por eso decidí modificar mi hoja de vida. También me preguntan acerca de las funciones y responsabilidades que tenía cuando trabajaba en mi profesión. Cuando me han entrevistado en inglés, me dicen que tengo muy buen nivel.”

En Herzliya las oportunidades de trabajo se han desvanecido.

“Recuerdo una oportunidad de trabajo que se presentó  a los 4 o 5 años de estar en Israel, en una importadora de electrodomésticos en Herzliya. Me llamaron a una primera entrevista en inglés. Luego en la segunda charla, me dijeron que mi inglés era el mejor entre las 5 candidatas que había para el empleo. No me dieron el trabajo que era casi mío porque no tenía a nadie que diera referencias laborales sobre mí. El administrador no me quiso dar la oportunidad.  Me sentí muy mal en ese entonces.”

Los pocos amigos de Martha son todos latinoamericanos, no tiene amigos israelíes. Ella considera que después de estos casi diez años en el país no ha logrado hacer parte de la sociedad israelí: “Yo creo que si tuviera la oportunidad de trabajar a nivel profesional, me sería más fácil adentrarme en la sociedad. En los primeros años me decían que mi problema era el hebreo, ahora de dicen que ha pasado mucho tiempo sin adquirir experiencia en el país, además mi edad también es motivo de rechazo,  aunque no la escribo en mi currículo, se puede deducir por mi experiencia anterior.”

Al preguntarle a Martha si volvería a inmigrar a Israel, ella responde: “Yo igual volvería a hacer Aliá.  En Uruguay no tenía trabajo y quería independizarme de mi familia, pero no volvería a empezar con el trabajo de limpieza. No ha pasado por mi cabeza volver a Uruguay, sin embargo siento que este país no me quiere, he tenido que resignarme a seguir limpiando… Yo le recomiendo a los que quieren inmigrar a Israel que busquen todo tipo de información antes de venir y conviene llegar sabiendo un poco de hebreo. A  las personas mayores de 40 años yo les diría que difícilmente van a poder conseguir un trabajo mejor o parecido al que tenían en sus países de origen. Pueden probar para ver si tienen suerte pero es posible que tenga que conformarse con cualquier trabajo. ”

Martha asegura que su nivel de hebreo es bueno y es muy segura cuando la entrevistan, sin embargo ella considera que el trato dado por la sociedad israelí ha sido muy hostil: “Yo reconozco que acá el nivel de vida es mejor, pero con los años me he deprimido mucho. ¡Tengo una herida en el corazón!”

Después de casi diez años en Israel, Martha no renuncia a su sueño de trabajar algún día como profesional y continúa en su lucha de búsqueda de trabajo.

Aquellos que deseen contactarse con Martha para ofrecerle una oportunidad de trabajo o asesorarla en su búsqueda, pueden comunicarse con ella al teléfono:  0547522133.

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